De San Luis a Poznan, las aventuras de José Torres Duval

Cantante, guitarrista y creador de La San Luis Tango, José Torres Duval nos compartió dos charlas entretenidísimas con relatos sobre sus viajes y su música. Quinto varón que lleva ese nombre en su familia, canceriano, primogénito, de voz calma y ritmo pausado, este artista argentino está varado en Polonia, desde principio de año, por la pandemia .

Por José Torres Duval

Aquí en Cracovia son las 4:30 de la tarde y hay solcito, pero está fresco. Nosotros venimos todos los años por tres meses y hacemos una gira acá en Europa. Llegamos en febrero, tuvimos un par de actuaciones y el 15 de marzo cuando se desató la pandemia nos agarró acá en Poznan, Polonia. Unos bailarines polacos nos alojaron en su academia de tango. Nosotros decíamos por dentro: Menos mal que nos tocó en Polonia porque a esta gente ya la conocíamos y nos hospedaron en ese lugar. Si nos hubiera pasado en otro país, no sé qué hubiéramos hecho porque todo es carísimo acá en Europa. Agradecemos que haya sido aquí.

Hasta el mes pasado estuvimos en la ciudad de Poznan. Nuestros amigos tuvieron que cerrar la academia porque se suspendió todo. Hace un mes nos vinimos a Cracovia, que es la segunda ciudad más grande de Polonia, a la casa de una cantante que organiza nuestros espectáculos cada año.

Acá en Polonia, todo está más relajado que lo que nos cuentan que pasa en Argentina. La gente no usa barbijos para andar por la calle. La semana pasada fuimos al centro y estaba lleno, mucha gente turisteando. Es todo más flexible tanto aquí en Cracovia como en Poznan. Usan el barbijo solamente para entrar a un shopping o a un bar, lugares cerrados. Encima acá es verano, los pubs están llenos y se camina normalmente.

El viernes 11 de septiembre tuvimos un show en Varsovia. Contactamos a la gente de la Embajada Argentina y los invitamos a ir a esa milonga. Acá podemos andar por todo el país libremente. En San Luis hay pueblos cerrados, Tilisarao, por ejemplo, es un pueblo chiquitito y está cerrado. Aquí eso no pasa. Siguen algunas restricciones y protocolos. Hace una semana y media tocamos en Oborniki, ese show se hizo al aire libre y la gente estaba más separada y con barbijo.

Conocimos mucha gente buena en Polonia, nos hicimos muchos amigos en Poznan. La gente era muy amable y amigable. Esa es una ciudad donde los extranjeros no van porque está más alejada. Acá en Cracovia, en cambio, hay más latinos. Mientras estuvimos en Poznan, mi sobrino Felipe cumplió tres años y los amigos que hicimos ahí (alumnos de la academia de tango que nos hospedó) le hicieron muchos regalos. Fue el 11 de julio que coincide con el aniversario de nacimiento de Aníbal Troilo, ese día cumplen años mi hermano Luciano y su hijo Felipe. Hace poco estuvimos en el Festival de Tango Barroco y los vimos ahí de nuevo y nos reencontramos como si fuéramos amigos de toda la vida, nos querían abrazar y, a pesar de la barrera del idioma, se notaba su calidez y su amistad.

De chicos, mi hermano y yo tuvimos una banda de cumbia y cuarteto, después una de rock. Paralelamente, mi papá nos pedía que lo acompañemos a cantar tango, yo con la guitarra y mi hermano con el bajo. Papá nos decía que no íbamos a llegar a ningún lado con el rock. Más adelante, empecé a estudiar música y a tomar clases de guitarra. Lo que me gustó del tango fue la complejidad de los acordes.

Así llegamos a Panamá

En el 2005 nosotros estábamos en la orquesta de un señor que se llama Américo Moroso, él es muy conocido en la región cuyana. Mi papá entró a cantar y mi hermano y yo lo acompañamos con nuestros instrumentos. A partir de entonces, fueron tres años de giras por la región, incluso con participaciones en Chile en el Festival de Valparatango. Una noche nos ofrecieron tocar en otro lado y a nosotros tres nos entusiasmó, pero el señor Moroso no quiso hacer otras presentaciones. Ahí decidimos tomar otros caminos. Esos fueron nuestros comienzos, en el 2008.

Queríamos seguir viajando y explorar otras cosas y en el 2008 teníamos un colectivo casa rodante; era un colectivo viejo, modelo año 60 remodelado y quedó como motorhome. En Chile éramos tres músicos, un bajista, mi hermano en el bandoneón y yo, mi papá y otro cantante más y mi mamá que nos hacía la comida (risas).

Desde Lima, Perú, se contactaron con mi papá para hacer un show, nosotros nunca habíamos ido más allá de Argentina y Chile. Lo que nos detenía era este colectivo del año 60. El contacto en Perú nos dió ánimo, el contacto le dijo a mi papá: “¡Cómo no se van a animar ustedes, si San Martín cruzó Los Andes a caballo, cómo ustedes no se van a animar a venir en un colectivo con tantos caballos de fuerza!”. Y con eso nos animamos y nos fuimos en el colectivo (risas). Ese colectivo subía las cuestas, no sabés (risas). Así llegamos a Perú e incluso hasta México por tierra.

Ese viaje duró dos años, del 2008 al 2010. Hicimos todo por tierra. Al colectivo lo traje de nuevo a Argentina después de Perú, pero volví a reunirme con mi familia y seguimos viajando todos en colectivo de línea hasta Ecuador y de ahí a Colombia. Ahí, en Colombia se corta la ruta donde empieza una selva que se llama el Tapón del Darién (una región intransitable y peligrosa que corta en dos la ruta Panamericana) que obliga a cruzar a Colombia por vía aérea o naval. Así que fuimos ahí y tuvimos que esperar tres días a que llegue el barco para cruzar a Panamá hasta que llegó una lancha con dos personas negras que eran como fleteros navales, transportaban cosas de un país al otro. Ellos llegaron al muelle y nos preguntaron si queríamos que nos cruzaran por diez dólares cada uno a Panamá. Nos subimos todos a la lancha y entramos al océano Atlántico. En un momento no vimos más la tierra, estábamos en medio del océano y de un oleaje de 20 a 30 metros, encima nosotros somos de una provincia mediterránea, no habíamos estado nunca en medio del océano. Éramos algo insignificante en ese océano, fue terrible lo que vivimos ahí; íbamos rezando todo el viaje. A las cinco horas de viaje tuvimos que parar en la isla de Capurganá porque estaba prohibido navegar de noche. Cuando llegamos no había muelle ni nada y se nos acercó un indio de la comunidad Kuna, nos agarra las valijas y se las lleva por ahí entre las chozas. Nosotros decíamos: “¿Y ahora?”. El indio volvió y nos habló en español. Nos explicó que era el único de la comunidad que hablaba español y nos ofreció hospedarnos en su casa. Aceptamos y comimos la comida típica de los indios Kuna. Después de la cena sacamos los instrumentos y nos pusimos a tocar. Los indios nunca habían escuchado el sonido del bandoneón y se asomaban entre las chozas y nos miraban como unos seres rarísimos. Al otro día a la mañana salimos al mar de nuevo.

A la media hora de salir empezó a llover y nosotros de nuevo en el océano, pensábamos: “¿Cuándo llegaremos a Panamá?”. De pronto, con la lluvia empieza a entrar agua en la lancha. Eran dos tipos los que manejaban, uno adelante y el otro atrás. El de adelante iba manejando con el agarre del motor en una mano y con la otra sacaba agua de la lancha con un tarrito de lata. El tipo iba bastante rápido en la lancha y lo que hacía era encarar las olas de frente, nosotros íbamos sentados en la lancha sin salvavidas, al costado tenía un tachito con varios sachecitos de agua dulce. Entonces, cuando le entraba agua salada en los ojos, el tipo sacaba los sachecitos, los pinchaba con los dientes y los apretaba hasta que salía un chorrito que se ponía en los ojos. Yo lo miraba porque con una mano manejaba el motor de la lancha y con la otra se ponía agua para poder ver. Así llegamos a Panamá.

Nadie vive de la música

Nosotros no sabíamos que podíamos vivir de esto. Hicimos todo esto sin plata por el hecho de salir de nuestra aldea y ver qué hay en otro lugar. En nuestro pueblo la orquesta más importante era la de Moroso y él decía que de la música nadie vive, que no se puede vivir de la música. Y yo en ese momento estaba en paralelo tocando en su orquesta y estudiando en La Colmena, una escuela de música popular muy reconocida en Córdoba, estaba en segundo año de una carrera terciaria de música y pensaba: “¿Y para qué todo el sacrificio que yo tengo que hacer viajando a Córdoba, levantándome a las 5 de la mañana?”

Nosotros somos de Justo Daract, una ciudad de diez mil habitantes, y yo viajaba todas las semanas a la ciudad de Córdoba a estudiar música. A mí no me cerraba el para qué estaba haciendo ese sacrificio pero, a la vez, yo veía que mucha gente en Córdoba sí vivía de la música. Ese fue el impulso para salir a conocer otros lugares, otros países. Nos dimos cuenta de que para salir no hacía falta plata, hacía falta decisión. Entonces salimos y sin tener un peso, empezamos a vivir de la música.
En esa gira a México mi hermano conoció a su actual esposa.

La vida en Polonia

El viernes 4 de septiembre estuvimos en Varsovia tocando en una milonga, al público y los organizadores les gustó mucho así que en octubre nos vuelven a contratar. Estuvo bastante concurrido, había unas 80 personas y después del concierto nos recibieron la embajadora y el cónsul de Argentina en Polonia.
También nos fué a escuchar un violinista sanjuanino,todo el concierto estuvo sentado cerquita, nos miraba fijo y no bailaba, nosotros nos preguntábamos quién era porque estaba como cautivado. Cuando terminamos de tocar se nos acercó y nos contó su historia, él vive hace seis años en Polonia, era violinista de la Orquesta Sinfónica de San Juan y en un encuentro de música de cámara conoció a la novia polaca y ahora viven aquí.

Vivir de la música

Yo estudié en Córdoba en la Escuela La Colmena, es la escuela más reconocida de música popular. En el 2010 nos fuimos con mi hermano a estudiar a Buenos Aires, ahí me formé como Técnico Instrumentista de Música Popular en la escuela más antigua de Sudamérica, la EMPA. Estudié muchos años ahí y sigo estudiando; cuando estoy en Buenos Aires tomo clases con Jorge Viñas que es un compositor y guitarrista cuyano muy reconocido, le ha compuesto a Mercedes Sosa. Después de tantos años de estudio, me merezco vivir de la música. Y eso no es sólo tocar, es dar clases particulares o en escuelas de música.

Tango polaco

Nosotros incluimos algunos tangos polacos. Estos tres tangos los canta Magdalena Lechowska que es también nuestra productora aquí en Polonia. Magdalena habla muy bien español y polaco porque sus padres son polacos pero ella se crió en Colombia.

Już nigdy / Ya nunca (1930)
Słowa/ letra: Andrzej Włast Patrzę
Muzyka/ música: Jerzy Petersburski

To ostatnia niedziela / Es el último domingo (1935)
Słowa/ letra: Zenon Friedwald
Muzyka/ música: Jerzy Petersburski

Emborracharse es lo que cuenta – Upić się warto (1934)
Słowa/ letra: Marian Hemar
Muzyka/ música: Marian Hemar, Paweł Asłanowicz

Cuando tocamos estos tangos el público canta el estribillo aquí en Polonia, se vuelven locos porque son lo máximo para ellos.

La agenda de La San Luis Tango

21 de septiembre milonga en Cracovia

2 fechas en Poznan con bailarín en su milonga y club de jazz Blue Note

3 de octubre Varsovia

17 de octubre Varsovia

Mientras tanto estamos trabajando en un proyecto para armar un repertorio de Piazzolla porque el año que viene se cumplen cien años de su nacimiento.

Agradecimiento de hospedaje a Michal Kaczmarek y Agata Czartoryska en Poznan; Magdalena Lechowska, anfitriona en Cracovia.

INTEGRANTES de la ORQUESTA
Javier José Torres Duval, cantante
José Torres Duval, guitarrista y cantante
Luciano Torres Duval, bandoneonista
Lina Torres Duval, flauta traversa

De San Luis a Poznan, las aventuras de José Torres Duval
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