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Seguimos con el ciclo Charlas con gente de tango. Hoy, los invito a reencontrarse con Soledad Maidana, autora de Bailar la Palabra 1, la poética del tango como inspiración.

Soledad, la creadora de Bailar la Palabra, se une a Zoom después de preparar los subtítulos de los videos para su clase de Poética del tango. En esta ocasión la invitamos a que nos cuente sobre el proceso que dio lugar al lanzamiento de su libro.

Fotos, tapas y contratapas

Belén: Me encanta la textura y las fotos del libro. ¿Cómo fue el proceso de edición?

Soledad: Como el libro no tiene solapa con una fotito mía, me recomendaron usar una imagen bien visible para la tapa. Tomé la sugerencia porque noto que hay proyectos que usan rostros de poetas o compositores reconocidos como foto de tapa de sus producciones. Para mí, en cambio, es importante dar la cara y hacerme cargo de mi libro. Tal vez para un segundo lanzamiento me gustaría jugar con otras opciones, alguna pintura, aunque en esta tapa se ve parte de una obra de Quinquela Martin.

Algo curioso que nos pasó durante la sesión de fotos para armar la tapa (y fue casualidad porque ni siquiera lo habíamos advertido en ese momento) fue que elegimos un fondo un poco oscuro, sin embargo después descubrimos una flor fucsia que se destaca como al final del camino. Apareció de la nada. Amo esa flor.

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📖💗¡GRACIAS! 🌼No solamente a quienes compraron el libro, sino también a quienes me dan la oportunidad de difundirlo en sus medios de comunicación, milongas virtuales, festivales; a quienes crean redes en sus localidades para incluir más ejemplares en un envío. 🌼También un gracias muy especial a mi amor Damian por hacer taaanto (en lo logístico, y emocional). A mi hija Charo, que también se pone al hombro esta aventura. 🌼A quienes comparten y celebran esta obra: alumnxs, amigxs, colegas, familia, comunidades tangueras inesperadas y bienvenidas. 🌼Y al tango, siempre!!! Porque en su poesía y danza encontré el espacio donde sentirme libre. (Aclaro que en este momento no tengo más ejemplares, pero están separados los libros comprados o reservados; y que, como encargué la 2da edición la semana pasada, seguramente estaré recibiéndola este viernes).

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Tuvimos muchas historias con esta sesión, muchos obstáculos en el camino.
A Damián [compañero de baile y de vida] y a mí nos gustó hacer dos sesiones de fotos para el libro, previas a esta, en el cementerio de la Chacarita. Los cementerios son lugares que tienen arte, esculturas y donde encontramos paz. Hace un tiempo hubo una tendencia entre los bailarines de tango a sacarse fotos en la calle entre grafittis, una cosa más urbana, pero yo no me siento identificada con eso. En cambio, el cementerio es una dimensión paralela, una mini ciudad con sus callecitas, con sus fantasmas, con sus recuerdos y, la verdad, es que en las sesiones que hicimos en Chacarita nos sentimos muy cómodos. Lo que sucedió fue que habíamos planeado hacer las siguientes sesiones en el de La Recoleta, pero cuando llegamos nos explicaron que se requería un permiso a diferencia de otros cementerios de la ciudad. No pudimos entrar, así que nos fuimos al (Jardín) Botánico y de nuevo no nos dejaron entrar. Nosotros estábamos con la valija con ropa para hacer cambios, yo estaba maquillada, la fotógrafa con todos sus equipos. El momento era ese porque una movida así no se puede hacer todos los días. Fue rogar, rogar, rogar al guardia para que nos permitiera pasar, hasta que finalmente nos dió media hora. Con tanto apuro, se nos pasaron por alto muchas cosas. La misma fotógrafa se sorprendió de encontrar la flor en la foto. Después nos fuimos al Museo Quinquela Martín y también ahí logramos convencer al guardia para usar la terraza. Lo que pasó con la foto de la tapa es que yo ya no estaba con la ropa que había seleccionado para la sesión, estaba con una musculosa negra sencilla pero la fotógrafa captó un gesto mío entre tímida y pícara que me gustó. Además del fondo gris de la obra que parecen vetas de madera o nieblas del riachuelo.

No fue un proceso sencillo hacer esta elección y menos con mi inexperiencia en lanzar un libro. Fui aprendiendo qué cosas había que tener en cuenta. Tampoco tenía demasiados recursos, esto fue totalmente autogestivo, acá no hubo una editorial. Todo lo armé yo con un diseñador y una imprenta. El diseñador tuvo un gesto que me encantó porque hizo cartelitos como fileteados y me sorprendió con varios otros detalles que le dan cohesión al libro. También me gustó la letra que eligió para la tapa porque parece letra escrita a mano y es como todo este proyecto, muy artesanal.

Belén: ¿Y esta foto? Hay mucha tranquilidad en esa imagen.

Soledad: Esa es del Jardín Botánico. Encontramos esa estructura de hierro y vidrio y me gustó esa baranda que se ve en la foto. Elegimos ese lugar para la foto de A Pan y Agua que es un viaje al corazón del tango mismo, los años 20, la barra de amigos, el Viejo Palermo. A mí me transmite eso ese tango. Y lo que intento hacer con la elección de las imágenes es que reflejen el contenido poético de cada obra.

Las fotos que elegí para los invitados de cada encuentro son imágenes tomadas como captura de pantalla de los videos. No me importaba tanto la calidad de la imagen como la calidez del encuentro, eso traspasa la foto. Por ejemplo en la entrevista con María Nieves bailarina consagrada, elegí el momento en que me estaba contando qué siente al bailar. Ella dijo que siente un cosquilleo desde los pies que sube por las piernas al resto del cuerpo y “Bueno, vos entenderás a qué me refiero” (risas). Yo no me hubiera animado a hablar con María Nieves así, con doble sentido. Es tanta mi admiración y respeto por ella que no me hubiera animado a derribar esa barrera. Fue ella la que la derribó con su frescura y autenticidad.

Sembrar la palabra

Soledad dió clases de tango en el Club Premier de Caballito, donde empezó a despuntar el vicio por la poética del tango en forma muy natural. Repartía fotocopias con las letras de los tangos y proponía un análisis en la última media hora del taller.

En 2012 empieza a dar talleres para la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de San Martín. En su trayectoria docente fue cambiando de espacios culturales y hasta tuvo el desafío de dar talleres de tango para enfermos de Parkinson. La investigación es parte integral de su profundo interés por el tango; así acopió libros, dvds, varios documentales. En 2013, durante su embarazo, empezó a escribir un archivo de lo que venía trabajando en sus talleres de Caballito y San Martín. Según Soledad, todo necesita su tiempo y su maduración porque ese archivo, creado siete años atrás, devendría en el libro.

Belén: Con todo el acopio de entrevistas prepandemia que publicaste en las redes, ¿por qué ahora un libro?

Soledad: La primera idea de lanzar el libro de Bailar la Palabra surge en México, exactamente en el Décimo Congreso Nacional de Tango en Pátzcuaro, que es considerado un pueblo mágico.

Belén: Me da escalofríos lo que me contás.

Soledad: Sí, es así (sonríe). La idea de los organizadores es integrar la cultura y los paisajes de México con la danza del tango y decidieron que mi taller se diera en un mirador desde el que se veía un lago. Fue impresionante.

En ese taller trabajamos los tangos Tristeza Marina y Bien Pulenta. Los elegí para que fueran bien contrastantes. El primero se presta para un primer taller porque es un tango sereno, es Di sarli con Rufino y suenan como los dioses. Justamente este tango expresa la quietud y la inmensidad del mar. En cambio, Bien Pulenta es un tango lunfardo, que ya desde el título propone otra energía.

Cuando terminó el taller, algunos participantes me pidieron más material para llevarse aparte de las fotocopias con las letras de los tangos que habíamos analizado y bailado, la verdad es que no tenía. A partir de ahí empecé a pensar “ Y, sí, ¿por qué no? Vamos a hacerlo”. En México me cayó la ficha sobre la necesidad de tener un material escrito para trabajar. Si bien ya existían los videos de Bailar la Palabra, el libro abre una nueva dimensión y me permite profundizar en los temas. Si la web desaparece algún día, el libro quedará (risas). Es un recurso más noble.

Dos lecciones: rosa y lavanda

Belén: ¿Qué aprendizajes hiciste con este libro?

Soledad: El primero tiene que ver con las personas. Hace un tiempo que ya había empezado a alejarme de personas que no me hacían bien o que no me acompañaban en el camino a llegar a ser más libre o plena. Lo que me enseñó el proceso de Bailar la Palabra es cuidar como oro a quienes sí me aportan y me quieren bien. En ese sentido he descubierto que el amor se multiplica. Por ejemplo, durante la entrega de los libros, una lectora nos esperó a Damián y a mí con un termito y vasitos de mate cocido para cada uno. Nos hizo revivir porque era un día muy frío y nosotros estábamos haciendo las entregas en colectivo. Creo que estoy aprendiendo a aceptar esos gestos de cuidado. Es más, este colgantito (Soledad me lo muestra más de cerca) que parece un ovillito de lana tiene esencia de lavanda y fue un regalo que me hizo una alumna. Nos regaló uno a mí y otro a mi hija, el de ella es de esencia de rosas.

También me siento muy acompañada por amigos de afuera que se conectan cuando doy el taller en algún festival un día de semana tarde a la noche, participan y postean mensajes lindos. Aprendí a no dar esto por sentado ni a dejarlo pasar sin darle atención. La vida es cuidar a las personas que se brindan a uno. Por otra parte, hubo colegas que tuvieron intenciones negativas y frente a eso decidí eliminar sus contactos. Siento que así me allané el camino.

La segunda lección fue la libertad en varios sentidos. La que te genera llevar adelante un proyecto amado. Nunca me sentí tan libre en mi vida. Tengo la libertad de asumir las riendas de mi vida profesional y mi proyecto. Amo dar los talleres temáticos o comprarme libros para sumar a mi biblioteca, libros que deseaba hace mucho tiempo. Antes, con los videos no podía comprar nuevos libros para acopiar material y fuentes. Poder acceder a más material es necesario para lograr la excelencia. Cuando cursé la carrera de Letras nos grabaron a fuego la importancia de usar y citar las fuentes. Ahora me siento libre, antes me sentía limitada.

La otra libertad es la de la dignidad del reconocimiento del trabajo de diez años de docencia y servicio. Ya sea en los talleres municipales de tango o en la enseñanza de español para extranjeros, fueron muchos muchos años de trabajo muy arduo para llegar a disfrutar de esta libertad.

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