Vista en tre(s)

Creando, creando

Nicolás Sambucetti es bailarín de tango nacido en Ramos Mejía, de familia de bailarines. Por un rato, conversamos sobre cómo empezar de nuevo, sobre las milongas online, sobre el cuerpo, sobre las redes de solidaridad milonguera y las pantallas.

Nicolás tarda en aparecer en el Zoom. Mientras ceba un mate, sonríe y aclara que viene corriendo de una clase de tango online. Proactivo y generoso, me ayuda con problemas técnicos y comparte tips sobre cómo usar la plataforma de manera más efectiva.

Le propongo imaginarnos que el encuentro es en un bar. Sonríe otra vez, deja el mate y se acerca a la pantalla con mucha complicidad para arrancar el viaje hacia San Telmo, esta vez nos tomaremos un café en El Federal. Me consulta si me queda cómodo. “Ningún problema Nico, ¡voy en la bici!”. Elige El Federal porque es un clásico, va siempre ahí.

El cuerpo es nuestro lugar

Belén: ¿Cómo estás transitando esta pandemia?

Nicolás: La verdad que de diez. Me da risa decirlo porque la pandemia es difícil obviamente, tiene sus partes difíciles pero si te concentrás siempre en tu objetivo, vas a ver eso, tu objetivo, no vas a ver la parte del encierro, no vas a vivirlo desde ese lado. Al estar en actividad, no tengo ese momento, mi pareja tampoco. No nos preguntamos si la estamos pasando mal. Hay varios momentos durante la pandemia. Por suerte, en este momento estamos re bien, en actividad, con clases, poniendo mucha energía, con proyectos, queriendo concretarlos. Creando, creando mucho desde donde nos permite este lugar de cuarentena, de estar encerrados en la casa, de estar con la pantalla, del celular, de la computadora. Desde ahí, estamos bien.

Pudimos transitar bien la pandemia porque logramos llevar lo que estábamos haciendo físicamente a lo virtual. Si tenemos buena conexión de internet, podemos hacer todo. Sí nos falta la parte física que al comienzo fue difícil. Yo venía de bailar desde la mañana en Caminito, Florida y Lavalle, Plaza Dorrego a veces, pero los fijos eran Caminito y Bar Sur. Desde las ocho de la mañana arriba cambiándome, poniéndome el traje, el moño, la corbata todo. Viajando en subte, llegando al lugar, bailar, bailar, bailar, descansar, comer, seguir bailando hasta las cuatro, cinco de la tarde. Es todo un gasto físico bailar fuerte porque estábamos haciendo un show para llamar la atención, para que entre más gente al restorán donde estábamos trabajando. La modalidad que teníamos era un básico significativo. La ganancia verdadera venía de la gorra por estar en contacto con la gente. Entonces ese físico que teníamos cien por ciento activo, de llegar a la noche y dormir pocas horas, intentar que el cuerpo se relaje, se reacomode para volver de nuevo a la actividad y así toda la semana. Cuando llegaba el finde bailábamos el doble. Entonces nuestro descanso verdadero estaba en bailar y en el abrazo. Parece un poco raro, pero el descanso lo teníamos en la actividad.

Cuando sucedió la cuarentena, fue muy difícil el primer mes porque no lográbamos entrar a la modalidad online. Ese primer mes pudimos relajar y descansar, darnos cuenta de que teníamos lesiones, darnos cuenta de que el cuerpo necesita descansar pero el cuerpo necesitaba igual gastar energía. Después pasamos a estar online, a volver a tener mucho contacto, mucho celular, mucha pantalla. A veces los ojos nos quedaban rojos pero ahora nos acomodamos y volvimos a tener contacto con los alumnos pero online y no estábamos acostumbrados al Zoom. Empezamos a descubrir otras cosas que nos requiere estar en esta situación. Mi pareja y yo somos muy activos. Ahora estamos en el mismo nivel de actividad física pero frente de una pantalla. Volvimos a nuestro lugar que es el cuerpo, donde nos sentimos como pez en el agua.

B: ¿Qué extrañás más de la milonga? ¿Dentro de tu agenda de alta actividad física, había espacio para milonguear?

N: No milongueábamos mucho. A veces nos hacíamos el espacio para salir de la clase de tango a las dos de la mañana e ir a milonguear. Seguíamos de largo, ni dormíamos. Íbamos directo a bailar a Caminito, yo con el portatraje, Angi con los tacos y el vestido. Generalmente, la milonga era para hacer exhibiciones o ir a acompañar las exhibiciones de amigos, era el lugar para compartir con grupos de amigos o compañeros bailarines de Caminito, de la Casa de Tango, de bar Sur. Era el momento de compartir una cerveza o tomar un café y charlar, compartir cómo les fue en el día o alguna anécdota. A mí me gusta mucho La Catedral porque es informal y relajada, para ir a tomar algo sobretodo.

B: ¿Estás escuchando tango? ¿Hay algún poeta, cantor u orquesta que hayas vuelto a escuchar con nuevos oídos?

N: Yo escuchaba mucho a Rubén Juárez, a mí Rubén Juárez me llega directo al corazón. El bandoneón y la voz de él me rompen en mil pedazos. Hay un par de videos de Youtube de sus tangos que escucho siempre y que ya sé que me llevan al mismo lugar, es un lugar muy de uno en el que a veces se necesita entrar, el tango con uno. Es un viaje como meterse debajo del agua. Pasional, el estribillo que canta a capella lo volví a escuchar en la cuarentena un par de veces y tuve que parar porque me provoca mucho. A Rubén Juárez lo escuché toda la vida y es “la” voz del tango para mí. Al igual que Rivero, Rivero también me lleva ahí.

~ Cuando Nicolás me habla me apunto Rubén Juárez, quiero saber cómo es su voz y su bandoneón. ~

Volver a empezar

B: ¿Cómo te adaptaste al desafío laboral que impuso la pandemia? ¿Qué bendiciones trajo la cuarentena?

N: Lo laboral es lo que más presente estuvo en esta cuarentena porque tuvimos que rebuscárnosla. Fue no saber si podíamos seguir con esto, si empezar a cocinar (yo fui chef y mozo toda la vida). Entonces lo primero que se me vino a la cabeza fue cocinar y salir a vender, pero no podía salir a la calle, y cómo iba a vender sin salir y por internet… Hubo que darle la vuelta hasta que fue surgiendo y pude poner la energía en donde tenía que ir, por suerte. Lo bueno de esto es que pude ponerle todo al tango, al cien por cien. Cuando pasa esto te preguntás y cómo voy a seguir laburando, como voy a pagar el alquiler y te quedás en una nebulosa y de repente te quedaste en la nada. Tenías toda una construcción que se te fue y te preguntás cómo empezar de nuevo.

B: ¿De qué manera cada uno de nosotros puede aportar (desde su lugar y su labor) algo a la comunidad milonguera?

N: Muchos tangueros pidieron ayuda y nosotros recibimos mucha ayuda de diferentes organismos y de los alumnos que siguieron y que sumaron más. Ahora somos más de cien en las clases de Mariposita. Desde ahí nosotros recibimos una aporte que también pudimos retribuir porque pudimos sostener el tango. En este momento es muy importante para mí que no se pierda el tango.

~ Mariposita es una escuela de tango en San Telmo que forma bailarines de tango social y profesionales.~

B: Durante la cuarentena ¿observaste nuevas formas de vincularse entre colegas, entre artistas, entre los diferentes protagonistas del universo tanguero?

N: Nosotros tenemos un círculo de amigos tangueros con el que estamos atentos para darnos una mano, aprender o compartir cómo hacer algo nuevo. Yo también recibí ayuda del CAST que organizó Martín Chili de la milonga Muy Lunes. Él creó un sistema de madrinas y padrinos que ayudan económicamente y también se mantienen en contacto para saber cómo uno está. Por suerte también tengo a mi madrina de la vida que es Carolina Bonaventura, la creadora y directora de Mariposita, ella tiene mucho recorrido y nos ayudó mucho desde el primer momento, antes de la pandemia también.

~ Martín Chili y Juan Ignacio Panzardi crearon la red Cruzada Abrazo Solidario de Tango (CAST), que permite que amantes del tango tomen el rol de madrinas o padrinos de los trabajadores del sector que quedaron sin empleo. ~

Aguantar y revalorar

B: ¿Cómo pensás que van a ser las milongas a partir de esta experiencia?

N: Hablando con algunos amigos que están con abstinencia de milonga, dicen que ya no les importa nada y quieren que se abran para ir a bailar; otros con un poco más de conciencia, piensan que se va a empezar a ir con barbijo, de a poco. Una amiga me decía que lo que más le preocupa es la ansiedad que tiene de abrazarse con alguien, casi que le dá vergüenza cómo puede reaccionar el otro. La gente está con muchas ganas de volver a la milonga, pero vamos a tener que tomar recaudos y atravesar protocolos. También vamos a tener que estar atentos a que no se den contagios. Creo que por ahora el acto más generoso es aguantar y volver con mucho cuidado.

B: ¿Qué información tenés a mano sobre cómo lo están gestionando otros países?

N: Nosotros estamos haciendo milonga online en Polonia con un amigo de ahí que nos invitó a la suya. La vivimos desde casa, nos cambiamos a veces, otras veces en medias, otras con zapatos o recién despertados. Al principio era poner la página y mirar a gente bailando en los cuadraditos del Zoom y ahora ya entramos y estamos todos en lo mismo. Bailás y relojeás la pantalla y ves que todos están bailando lo mismo que vos. Si bien hay delay, también ves que hay energía de milonga online y se puede compartir. Corta la tanda y nos acercamos a la pantalla a hacer algún comentario y de repente te olvidás y volvés a estar en la milonga.
En Italia primero abrieron las milongas solo para escuchar desde la mesa con distanciamiento social, después se empezó a tomar clases separados, de nuevo con distanciamiento, después abrieron todo y hubo contagios entonces volvieron a fase cero. Fue explotar y guardarse de nuevo. Con esa experiencia de afuera, creo que tendríamos que esperar a que salga una vacuna.

B: ¿Qué pensás que hemos aprendido como comunidad hasta aquí en este desafío que trajo la cuarentena?

N: A valorar a las personas que están. Aprendimos a valorar el poder juntarnos, antes decíamos “Nos juntamos” y ya está. Ahora eso tiene otro valor.

Y ahora, mientras desgrabo nuestra charla, intuyo por qué Nicolás eligió El Federal como lugar para nuestro encuentro imaginario. Ese bar notable de San Telmo es fiel reflejo de su sol en Capricornio. En palabras de Carlos Cantini, El Federal “carga sobre sus vigas y dinteles el peso de nuestra historia. A través de sus vidrieras se puede contar la vida de Buenos Aires. Nació como pulpería en 1864 cuando esto seguía siendo una aldea”. Coincido con Nicolás y me sumo a la creencia “que por ahora el acto más generoso es aguantar y volver con mucho cuidado”.